La conquista catalana reemplaza el dominio árabe.

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Historia de Ibiza - 8ª parte: Cruzadas y conquistas
Por Emily Kaufman
La cultura musulmana alcanzó su extraordinario cenit en el siglo X bajo el Califato de Córdoba. Durante esta edad dorada, Al-Ándalus se convirtió en la maravilla del Mediterráneo y sus logros fueron aplaudidos incluso por sus rivales que observaban deslumbrados el avance de la civilización. Ibiza, como parte de ese mundo, adquirió niveles de prosperidad cívica, comercial y agraria no manifiestos desde la caída de Roma. De hecho, la influencia musulmana sacó a toda la península ibérica del estancamiento post-romano mucho antes de que el resto de Europa consiguiera sobreponerse. Córdoba, en efecto, era la nueva Roma e Ibiza disfrutaba de su gloria reflejada.



Pero, los días felices del califato acabaron en feroces luchas internas a comienzos del siglo XI. Tras 22 años de guerra civil, el califato se astilló en un mosaico de pequeños estados (conocidos como “taifas”), donde cada uno competía por la supremacía bajo su propio rey. En 1014, Ibiza, al igual que las demás Baleares, fue capturada violentamente por la Taifa de Denia, uno de los más poderosos de estos estados gracias a sus puertos navales y comerciales. Los años taifales en Baleares se caracterizaban  por su despotismo bajo la implacable tiranía de Mujahid, conocido en la historia por su nombre en latín, Mugettus Rex. Como wali de Denia cuando estalló la guerra civil, Mugettus estaba en una posición óptima para usurpar el poder.


“Ibiza prosperó bajo el califato musulmán”

Con fama de hombre despiadado, su reino se recuerda como cruel y exigente, especialmente referente al ámbito económico, que había sido tan favorable durante el califato. Domésticamente, Mugettus restringió el libre comercio, creó monopolios estatales e implantó una política fiscal tan opresiva que casi equivalía a la extorsión. En cuanto a su política exterior, estableció la piratería como su principal forma de “diplomacia”, usando hábilmente las Baleares como bases de lanzamiento para sus asaltos contra los circuitos marítimos de los cristianos, que empezaban a florecer en el norte del Mediterráneo.
 
Mugettus murió en 1045, hecho que permitió un breve periodo de tolerancia renovada. El nuevo rey, su hijo Ali, resultó ser tan clemente y benévolo como su padre había sido fiero y autócrata. De hecho, fue el mismo rey Ali quien llamó a Al-Sabbini, el famoso bardo Ibicenco para que fuera poeta laureado de su corte en Denia. Por desgracia, Ali murió joven, traicionado por su suegro venal, que usurpó la Denia peninsular, pero no tomó el paso siguiente de capturar a las islas.



En esta coyuntura (1059), las Baleares entraron en una fase de autogobierno que duraría poco más de medio siglo. El wali vigente, Mubasir, se declaró rey y continuó gobernando acorde con la política usual, acuñando sus propias monedas y perpetuando la piratería desenfrenada que, desde el reino de Muggetus, se había convertido en habitual. No obstante, para que un reino isleño mantuviera su independencia dentro de un marco marítimo cada vez más conflictivo resultaría difícil. Varias nuevas potencias habían surgido y competían por la supremacía del Mediterráneo occidental: principalmente los cristianos en el norte y los bereberes en el sur. Los musulmanes hispanos, víctimas de su propia desunión, ya no podían mantener a raya estas nuevas fuerzas invasoras.

Los cristianos, por su parte, tenían a los musulmanes baleares como oportunistas que quebrantaban el buen funcionamiento del comercio marítimo. Sobre todo las vías marítimas que vinculaban las ciudades ascendientes de Barcelona, Génova, Marsella y Pisa, que fueron regularmente saboteadas por la piratería balear. Encrespados por estos asaltos, los pisanos decidieron tomar acción y convencieron a Barcelona que se uniera a la causa. La expedición conjunta, conocida apropiadamente como la cruzada pisano-catalana, fue aprobada en 1113 por el Papa Pascal II y contaba con la ayuda adicional de Italia, Provenza, Cerdeña y Córcega.


“Cruzadas cristianas contra los musulmanes en Ibiza”

La campaña se emprendió en dos etapas. En la primera, llegó al puerto de Ibiza una expedición de reconocimiento para evaluar la situación. De inmediato quedó claro que las murallas ibicencas no se podían atravesar sin un esfuerzo bélico importante. Hecha esta observación, los invasores se limitaron a saquear el campo y volvieron para casa, pillando aleatoriamente en Mallorca y Menorca de paso. La segunda etapa ya iba en serio, impulsada tanto por el deseo de erradicar la piratería balear como de liberar a los numerosos presos cristianos de sus mazmorras. De nuevo, Ibiza fue el primer objetivo y en junio del 1114 una armada de 500 barcos convergió en su puerto. Tras un asedio de siete semanas, la ciudadela se rindió – pero no sin una amarga lucha. El wali de Ibiza, Abu al-Mundir, un antiguo cristiano convertido al Islam, dio su vida defendiendo la ciudad en fiero combate mano a mano.

Los cruzados no perdieron tiempo en liberar a los cautivos cristianos y demoler las fortificaciones de la ciudad. Hecho esto, partieron para Mallorca, su objetivo principal. El cerco de Palma duró ocho meses y finalmente forzó la capitulación de los defensores musulmanes. Tras liberar a los cautivos cristianos, arrasar la isla entera y esclavizar a la totalidad de su población, los cruzados simplemente se retiraron… cosa que dejó a las islas nuevamente en un estado temporal de no-gobernanza.

Esta situación dejó la puerta abierta para los almorávides, un clan ascendiente de bereberes que ya gobernaban en Al-Ándalus. En 1116, los almorávides armaron una flota, se dirigieron al puerto desolado de Palma y emprendieron la labor de reconstrucción. Ibiza también permaneció bajo el dominio almorávide hasta 1188 cuando fue capturada sin resistencia por los almohades, otra potencia bereber recién surgida. Esta olvidable fase de estadidad sería el último eslabón del dominio musulmán en Ibiza, que en su totalidad duró 333 años.



Al comenzar el siglo XIII, grandes cambios geopolíticos se avecinaban y las islas baleares se verían afectadas de manera duradera. Los catalanes preparaban una gran cruzada con múltiples frentes bajo el liderazgo de su nuevo e intrépido rey, Jaime I el Conquistador (1208-1276). Como parte de esta “reconquista”, Jaime tomó Mallorca en 1229, pero tuvo que posponer la captura de Ibiza debido a factores diversos, entre ellos una campaña paralela en Valencia. Pasaron seis años y todavía el rey se encontraba ocupado en otros escenarios de guerra. 

Finalmente, Jaime tomó la decisión de delegar la campaña de Ibiza a Guillem de Montgrí, un señor feudal de su confianza. Montgrí era un noble rico con importantes recursos de hombres y barcos a su disposición. No obstante, calculaba que tendría que duplicar sus fuerzas para tomar Ibiza. Su solución era proponer una iniciativa conjunta a otros dos caballeros, Pedro de Portugal y Nuño Sanz, ambos paladines de linajes reales. Acordaron un pacto y el día 8 de agosto de 1235 sus flotas unidas entraron en el puerto de Ibiza. La victoria fue rápida y marcó el comienzo de un capítulo completamente nuevo en la historia de Ibiza. Aunque podría haber parecido simplemente otra incursión medieval no destinada a durar – dadas las frecuentes rotaciones de poder que Ibiza solía experimentar – la Conquista Catalana implantó una cultura que ha perdurado hasta hoy. Casi ocho siglos después el catalán sigue siendo el idioma oficial de la isla y su cultura comparte lazos profundos con Cataluña, lazos que penetran hasta el nivel genético ya que el ADN de los Ibicencos nativos muestra un genoma exclusivamente catalán. 



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